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Somos la última generación
Crecí en la esquina del barrio.
Ahí donde los perros son de nadie y de todos.

‪Estudié en una escuela con mesas de madera gastada y pizarrón.
Le robé un par de besos inocentes a la niña linda de cursos superiores y me golpearon otras más a las afueras del colegio.
Ahí en la cancha de atrás, donde se arreglaban los problemas a puñetazos, patadas y mordidas. Ahí donde te hacías respetar aún cuando no supieras pelear.
Jugué con pelotas parchadas.‬
‪Comí higos subido al árbol.
Ahí, bajo la lumbre de un poste en verano, prometimos junto a mis amigos no dejar de serlo.
Pero la vida nos llevó lejos.
Solo quedaron sus sonrisas grabadas y sus historias que a mis hijos cuento.

‪Pasé la infancia con rodillas rasmilladas y bolsillos llenos de bolitas de cristal.‬
Crecí machucando membrillos y comiendo ciruelas verdes con sal.
Lancé el trompo sin sacarlo del círculo de tierra y rompí más de alguna ventana con mi honda furiosa.

Conocí los cerros de mi ciudad como la palma de mi mano, rodeado entre el boldo, el litre, los Perales y las teatinas con las cuales cazábamos lagartijas.

‪Crecí rodeado de tantos juegos y sueños...
Fuimos una generación con menos información, sin duda, pero fuimos una generación creativa, que hacía de unos palos, cuerdas y balones lo inimaginable.

Somos la última generación que respetó irrestrictamente a sus padres y la primera que respeta irrestrictamente a sus hijos.

Somos la última generación que vivió la utopía de que el futuro nos deparaba un Progreso imparable, y la primera en saber que nos queda poco tiempo para hacer que nuestros hijos y nietos tengan algo de futuro.

Somos la última generación que quizás disfrutamos de una conversación familiar en la mesa.
La última en sentarse todos al sillón para ver la película alquilada.
La última en sentarse en las tardes de invierno a jugar juegos de mesa.
La última en escuchar las historias de los abuelos.
La última en salir de la casa y saludar a todos los vecinos.
La última en donde las cosas de la semana las comprábamos en el almacén de la esquina, ese mismo que nos fiaba confiando en nuestra palabra.

Si te identificas con todo esto.
Dale gracias a la Vida, que nos ha dado tanto.