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Un día el maestro contó una parábola
Un día el maestro contó una parábola.

Un sembrador lanzó semillas por diferentes tipos de tierra.

De todas ellas, solo un cuarto dió fruto.

El sembrador no hizo más que esperar y confiar en el poder de la semilla y en la calidad de la tierra.
No intervino frente a las dificultades que cada tipo de tierra enfrentó.
Solo esperó confiado.
La vida a pesar de las dificultades terminó venciendo y el fruto fue en mayor cantidad que la siembra.

Eso nos demuestra algo escondido en la parábola.
Dios no es un intervencionista paternalista que anda quitando a nuestro paso los obstáculos de la vida. Ni anda moviendo el cause natural de las circunstancias para que se nos haga más fácil crecer.
Tampoco nos anda empujando a ser una tierra diferente a la que optamos ser.
Ese no es el Dios Padre de la parábola.

También muestra una realidad que mientras más luego la aceptemos quienes hemos dedicado a lanzar semillas, mejor.
Solo un 25% de todos los que escuchan entenderán las coordenadas del evangelio del Nazareno.
Pero aquellos que sí entiendan y encarnen esa misión, harán que todo sacrificio haya valido la pena.