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La vida es dura
Alguna vez me dijeron la vida es dura

Cuando era más joven algunos adultos me decían que la vida era dura.
Que allá fuera no me esperaba un jardín de rosas.

Con el tiempo he comprobado en mi trabajo pastoral, que la vida para algunos no sólo es dura, es una cuesta arriba insoportable, que hay días en que la existencia te demanda funcionar, trabajar, hacer, aún cuando el estanque esta vacío.
Las tazas de suicidio crecen alarmantemente, las crisis de ansiedad, el pánico, la depresión y toda esa horda de males permean la sociedad actual, una sociedad chata de estímulos y carreras, donde la vida se te va sin vivirla. Familias quebradas, matrimonios despedazados, adicciones mortales, vergüenzas y culpas que oprimen hasta dejar sin aliento.
Hoy me siento a la vereda del camino y con el corazón en la mano al ver tanto dolor y angustia, me convenzo que sólo Dios puede ser una respuesta válida, que su amor nos haga más humanos, más solidarios, más empaticos con el sufrimiento que nos rodea.


Lamentablemente, lo que no ayuda para nada a todos estos males, es que muchas comunidades de creyentes en vez de practicar el amor hacia sus compañeros caídos o frente al mundo que cae a jirones, nos convertimos en el tribunal más despiadado.
Hace días un joven me dijo, Dios perdona, pero la iglesia NO.
Soy Ulises, un mendigo en la mesa de mi Rey, soy alguien que por gracia Dios ha depositado su luz para alumbrar a otros a través de esta vida tan precaria.
Pero estoy aquí en pie, creyendo aún en la propuesta del Evangelio de Jesús, creyendo en su sueño llamado iglesia, esa comunidad llena de amor donde juntos con nuestras sombras y luces les decimos a los que vienen naufragando en el mar de la desesperación, que se puede llegar a la otra orilla, que estamos para acompañarnos, para escucharnos y entendernos. Que nuestro maestro cuando resucitó nos permite vivir desde su Vida.
Creo aún en ese lugar, en esa comunidad donde no sintamos vergüenza de mostrar nuestras heridas... Y si no lo encuentro, trabajaré junto a otros para construirlo, una comunidad de sanadores heridos.

Felices los que trabajan en favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
Mateo 5:9