Día del Padre
El algún lugar leí que en muchas culturas el 60% de los hogares carecen de la figura paterna. Hay una crisis de Padres ausentes; hombres que nunca supieron atender al llamado de ser Padres y afrontar su responsabilidad.
Por otra parte, un gran porcentaje de los Padres que si están físicamente presentes, están ausentes en el área emocional, sin tener una relación cercana con sus hijos. Otros, abusan y maltratan a sus hijos.
La palabra “Padre”, palabra que en el pasado representaba, amor, cuidado y protección, en la mente de muchos ha venido a tener una asociación desagradable y negativa.
Por otra parte, muchas películas y programas de televisión, presentan a los Padres como unos tontos siendo manipulados por la esposa y los hijos.
¿Porqué? ¿A qué se debe este deterioro de la imagen del Padre?
Entre otras cosas creo que tiene que ver con el hecho de que el enemigo quiere destruir la imagen del Padre. Este afán de destruir la imagen del Padre tiene su raíz en el hecho de que Dios, El Dios poderoso que creó los cielos y la tierra con solo decir la palabra, el Dios tan grande que pesa en balanza los montes y los collados, que mete en el hueco de sus manos las aguas de los mares, mide con su palmo los cielos y juntó con sus dedos el polvo de la tierra; ¡Ha escogido llamarse Padre!
Jesús vino a revelarnos a Dios como un Padre amoroso. El nos enseño a orar y decir: “Padre nuestro que estás en los cielos”, e introdujo para los creyentes de aquel tiempo la palabra aramea “Abba” que significa papi o papito, para usarla cuando nos dirigimos a Dios.
Si nuestra experiencia como hijos ha sido negativa, si la asociación que hacemos de la Padre es negativa, se nos hará muy difícil relacionarnos con Dios como un Padre. Hay muchos creyentes que aunque han tenido un encuentro con Dios y van camino al cielo, no pueden relacionarse con Dios como un Padre.
En este día de los Padres, que cada uno de nosotros que somos Padres, entendamos la responsabilidad tan grande que tenemos que representar a Dios correctamente para que nuestros hijos e hijas, al tener un encuentro con Dios, se relacionen con el de una manera cercana y personal.
Jesús Adrián Romero